Repugnancia

Aún recuerdo, cuando te encontré en el suelo, inerte, sin vida, sin alma. Corrí cuanto pude para verte y cuando llegué comprobé lo que preparaba para mi el destino.

Tenías los labios exentos de color y aunque tu tez siempre había sido pálida, esa tarde parecía casi transparente. Te abracé. Te abracé con todas mis fuerzas. Apoye mi cabeza sobre tus pechos, no se si con la esperanza de volver a escuchar latir tu corazón o porque ya no me quedaban fuerzas.

Cayeron mis lágrimas y recorrieron todo tu cuerpo, como antaño lo hicieron mis labios. Cuanto dolor había en semejante estampa. Recuerdo como ardía mi pecho, como me ahogaba en mi propio llanto, como quise morir junto a ti en ese mismo instante. Ya nada importaba.

Dolor, pena, angustia, incomprensión; ninguna de esas palabras describe lo que en ese momento yo sentía. Era repugnancia. Repugnancia hacia una vida injusta, que me arrebató lo que más quería. Repugnancia de saber que solo existe una vida y que no pude disfrutarla completamente junto a ti por el mero capricho del destino.

Maldito seas destino, maldito seas Dios. Con que motivo arrebatas a un hombre lo que tanto ama… ¿Porqué he de vivir si ya estoy muerto?

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2 pensamientos en “Repugnancia

    • Muchas gracias Pablo. Aunque no es de las mejores votadas puse en ella mucho sentimiento. Además no todo el mundo tiene la misma visión de las cosas, en ocasiones hay que imaginarse el texto como si fuese la escena de una película para terminar de comprenderlo.

      De nuevo, muchas gracias por tu comentario.

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