Vilches, Grissom y compañía

Fue un día terrible. Casi de película.

Siempre me he sentido un hombre afortunado. Tengo una buena familia, buenos amigos  y aunque no tengo ni mucho amor ni mucho dinero, soy feliz.

Hasta que llegó ese día.

Llevaba casi un mes lloviendo y claro, llegaron los catarros y resfriados. El día anterior, mi sistema de defensas junto a los L Casei Inmunitas sufrieron un regulación de empleo (ERE) y me dejaron realmente mal. Pasé muy mala noche debido a la tos, el dolor de cabeza y la congestión nasal.

Así que me levanté temprano y decidí acudir al médico. Pero ese día empezó mal. Muy mal. Mi padre me llamo al móvil un poco alterado y con la respiración acelerada, comentándome que había sufrido un robo en la carnicería y que era necesario que fuera a la comisaría a presentar una denuncia. Habían robado una bandeja de salchichas.

Le comenté que primero iba a ir al médico y luego pasaría por la comisaría.

Tras asearme y vestirme, bajé y me monté en el coche dirección a la consulta. Al fin llegué y la sala de espera estaba abarrotada. Señoras leyendo el ¡Hola!, caballeros “leyendo” y comentando entre ellos la revista Interviú que sorprendentemente había allí.

Para que después digan que a la gente ya no le importa la cultura. Si Pío Baroja levantara cabeza y viera esa reunión de hombres alrededor de una revista y comentando cada una de sus partes, sin duda, lloraría. Y cuando digo partes, no me refiero precisamente al título, argumento y conclusión de cada artículo.

Tras una gran espera al fin llegó mi turno y ante mi sorpresa salió de la consulta el Doctor Vilches. No entendía nada. Pero mayor fue mi sorpresa cuando me levanté, me miró y empezó a gritar:

–         ¡Rápido! ¡Traigan una camilla! ¡Pónganle oxígeno, 3 miligramos intravenosos de morfina cada 10 minutos  y 0,3 miligramos de nitroglicerina sublingual! ¡Quiero una radiografía, monitorización de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca…!

–         Pero oiga…

–         … ¡Un análisis de leucocitos, un scanner cerebral, la prueba del tifus, el Sida y  comprueben si tiene alergias! Necesito su historial en mi mesa ¡ya! ¡Comprueben si existen antecedentes familiares y estabilícenlo!

–         Pero doctor, si yo solo he venido porque estoy algo resfriado…

–         ¡Usted me va a decir a mi lo que tengo que hacer!

–         No claro que no, pero bueno, normalmente cuando estoy así me recetan un jarabe para la tos y termalgin…A mi eso del scanner cerebral no me suena bien…

–         ¡Usted se calla, aquí se hace lo que yo digo!

–         Pero de todas formas, ¿con quien habla doctor? En esta consulta usted no tiene auxiliares, está usted solo…

Lo he visto muchas veces enfadado en la serie, pero la cara que puso cuando le dije eso, nunca. Nunca había visto tanto odio concentrado en una expresión. Finalmente no me recetó nada para el resfriado. Comenzó a ponerme inyecciones y a hacerme pruebas, pero claro, si te lo pone Vilches no hay problema. Si estás resfriado y te pone la antitetánica, sorprendentemente se te quita la tos, el dolor de cabeza y la congestión nasal. Salí como un roble.

Con un poco más de ánimo salí de la consulta y me dirigí rápidamente a la comisaría de policía para presentar una denuncia por robo. Por suerte no tuve que esperar mucho tiempo.

El agente me pidió amablemente que me sentara. Comenzó a registrar mis datos cuando de repente apareció Grissom. Hizo un movimiento con la cabeza indicando al agente que debía de marcharse, que el se encargaría del asunto personalmente.

Me froté los ojos. Esto no podía ser verdad. Primero Vilches y ahora Grissom. Espero no encontrarme con Chuck Norris en el gimnasio, pues seguramente moriré en el acto.

–         Hola Alan. Me dijo.

–         Buenos días.

–         ¿Vienes por lo del robo en la carnicería de tu padre verdad?

–         Sí…¿cómo lo sabe?

–         Sabemos muchas cosas. Somos el CSI.

–         Ah, claro.

–         Hemos capturado al ladrón y ahora mismo está en el calabozo esperando que su padre lo identifique. Le hemos incautado 1 Kg. de salchichas envasadas al vacío.

–         Si, es lo que iba a denunciar, el robo de una bandeja de salchichas.

–         Permítame decirle amigo, que las salchichas no son 100 % vacuno. Mi equipo las ha analizado y créame, estamos sorprendidos.

–         ¿Cómo?

–         Si. Contiene aditivos, además de E-510, E-520, E-250 y E-14.

De repente apareció por detrás Horatio, se quitó las gafas de sol lentamente, con estilo y me cogió del hombro.

–         Haremos una buena barbacoa con ellas. Dijo.

–         Pero ¿Qué hace usted aquí? Si Grissom es de Los Ángeles y usted de Miami, esto no puede ser…

–         Pero ¿qué importancia tiene eso? Quizás la pregunta sería ¿Qué hacemos nosotros en la comisaría de Jerez? Eso si es raro, ¿no cree?.

Y claro, me dejo callado. Con clase, eso si. A Grissom y Horatio le sobra.

Salí de la comisaría con un sabor un tanto amargo ya que al final ni puse la denuncia ni tampoco pude recuperar la mercancía robada. Como le iba a explicar a mi padre que Grissom y Horatio se iban a comer las salchichas. Caerá bronca, seguro.

Me dirigía a mi casa cuando de repente comenzó a sonar mi teléfono móvil. Paré el coche a un lado, miré el número y era oculto. Otra vez los pesados de Jazztel ofreciéndome ADSL a 6 megas más llamadas nacionales gratuitas, sin contrato de permanencia y por un precio mucho menor de lo que actualmente pago con mi compañía, pensé.

Respondí a la llamada y una voz un tanto distorsionada contestó:

–         Tenemos a su hijo, queremos 20000 € a cambio de su vida.

–         Perdone, pero se ha equivocado, yo no tengo hijo y espero no tenerlo en muchos años. Mi novia me dejo hace poco y que yo sepa yo no le he hecho ningún bombo. De todas formas si ha tenido un hijo seguramente no habrá sido conmigo, ella era muy liberal, no se si me entiende…

–         ¿Usted no es el Señor Fernández?

–         No, lo siento, se ha equivocado. De todas formas suerte ¡eh!

–         Gracias y lo siento.

–         Nada, nada, no se preocupe.

Y colgó.

Pensé que ese día no iba a llegar a casa, pero al fin lo conseguí. Hoy no me puede pasar nada más, me dije. Y de repente se cerraron las puertas de golpe y me sobresalté.

De repente llamaron al timbre, fui a abrir y apareció Melinda Gordon, la protagonista de la serie Entre fantasmas. Esto no me puede estar pasando a mi, dije interiormente.

–         Hola buenos días ¿qué desea?

–         Hola, me llamo Melinda. Quizás crea que estoy loca, pero vengo porque hay espíritus en su casa.

–         ¿Qué tengo que? (Lo que me faltaba hoy).

–         Si, espíritus, fantasmas, como usted quiera llamarlo.

–         Pero, ¿cómo lo sabe?

–         Se han cerrado las puertas de su casa ¿verdad?

–         Si, pero es que he abierto las ventanas y claro, con la corriente pues se han cerrado.

–         No, no. Han sido los fantasmas.

Y yo sinceramente, estaba muy harto. Primero Vilches, luego Grissom y Horatio y por último la flipada de los fantasmas. Por no hablar de la inquietante llamada. Estaba tan enfadado que perdí los modales:

–      Mire usted, aquí la única fantasma que hay es usted, que viene aquí a darme gato por libre, a asustarme y atemorizarme, así que adiós.

Y le cerré la puerta. Creo que le quedó bastante claro que el que cerró la puerta no fue un fantasma, sino mi mala leche.

Debería dejar de ver tanto la televisión…

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6 pensamientos en “Vilches, Grissom y compañía

  1. hahahahaha menos mal que tng estos pequenos relatos pa cuando vengo de curra en la mina!

    Me partio el carajo!!!!

    • ¡Muchas gracias! Me alegro que te guste y que por lo menos te rias un rato tras una dura jornada laboral. Unas risas nunca vienen mal.

  2. Jajaja! Superoriginal, todos los que vemos demasiadas series de TV hemos imaginado alguna vez algo parecido.

    En mi caso, con personajes de series de médicos, véase House, el protagonista de Scrubs, y los de anatomia de Gray entre otros…

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