La historia de Antonio

Antonio o Machaquito como le llaman sus más allegados a la barra, se levanta temprano cada mañana.

A sus 70 años, recibe una pensión más bien escasa. Con una olla de algo más vaca que carnero y lentejas los viernes y fiestas de guardar sobrevivía. Su rostro y sus manos no estaban para nada castigadas por el tiempo, ya que lleva 30 años en paro.

Apasionado de la fotografía y los buenos vinos, viste elegante. Zapatos bien limpios y brillantes y corbata. Tiene andares señoriales, mentón arriba. Con aspecto de Quijote monta en su coche, castigado por todos lados: roces, ralladuras, restos de pintura de otros coches, bollos, etc. Según su dueño, ninguna de las marcas anteriormente mencionadas ha sido por culpa suya. El, es un hombre precavido y por ello nunca llena el depósito del coche. Solo hecha unos 5 € de carburante para que “si me roban el coche no vayan muy lejos”.

Debo reconocer, que la primera vez que lo vi, me hizo gracia. Recuerdo que era verano y apareció con unos pantalones cortos, calcetines blancos subidos y unos mocasines negros. Ante esa estampa no pude si no esbozar una sonrisa. Me hizo gracia ese señor que portaba grandes gafas y era una mezcla entre Don Quijote y Rompetechos, guardando a su vez un gran parecido con el poeta Caballero Bonald.

La verdad es que era un gran tipo. Inocente, eso si. Recuerdo que un día aparcó el coche en el Vado de un amigo y mientras tanto fue a hacer unos recados. Inmediatamente me senté frente al ordenador y con la ayuda del Photoshop y de varias imágenes de google, logré hacer la pegatina de retirada de vehículos. Además dejó las llaves en casa de su amigo, así que la broma era pan comido. Nuestro amigo en común cogió las llaves y cambió el coche de sitio, de forma que no fuera visible para el Señor Antonio y yo mientras tanto coloqué la pegatina de la Grúa Municipal en el lugar donde había estacionado el coche.

Cierto es, que le tenía un gran aprecio a su coche, pues era de las pocas posesiones que disponía. Cuando llegó, un poco alegre y vio que el coche no estaba se le cambió el rostro. Bueno mejor dicho no vio el coche, porque había bebido más de la cuenta y apenas se mantenía en pie. Hasta que uno de nosotros no le preguntó por el coche (de manera disimulada) no se percató de su ausencia.

Creo que es la forma más rápida de quitar una borrachera que he visto. Comenzó a jurar en arameo. Le dijimos que en la pegatina venía un número de información para que llamara allí. El número era el teléfono fijo de mi cómplice. El Señor Antonio no lo tenía, así que el plan siguió adelante. Mi amigo comenzó a hablar haciéndose pasar por el gerente de la grúa y sacando de quicio a nuestro inocente compañero, hasta que apareció hablando con el teléfono inalámbrico, hecho por el cual el Antonio decidió cagarse en nuestros respectivos difuntos, momento en el que un tercer cómplice apareció con el coche de la víctima con los intermitentes y pitando.

Cierto es, que esa vez venía bebido y por lo tanto su vulnerabilidad era mayor, pero el nació inocente. Un vecino suyo, me comentó que en el bar donde se suelen reunir, llegó Antonio (todavía fresco) y uno de los allí asistentes le dijo:

– Antonio, ¿te has enterado de que hay un peluquero que te cobra según el número de los cupones?

– ¿Y eso como va a ser? Respondió Antonio sorprendido.

– Pues que si por ejemplo, el día anterior en el cupón el último número era el 7, pues te cobra 7 €. Si tocaba un 5, pues 5 €, si tocaba un 2, pues 2 € y si toca el 1, pues 1 €…

– ¿Y si toca el cero? Preguntó Antonio.

– Pues le comes los huevos al peluquero. Le respondió.

Y comenzaron las carcajadas en el bar. Pobre Antonio, siempre caía en las bromas más absurdas.

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8 pensamientos en “La historia de Antonio

  1. Todos tenemos un Antonio en nuestras vidas. Personas sencillas y honestas que nos recuerdan cuànto podemos llegar a ser complicados los seres humanos.

    Saludos desde arriba.

    • En realidad Antonio tiene un trasfondo mucho más alejado de lo que aparece en la entrada y la verdad es que no es precisamente agradable en el seno de cualquier familia.

      Recuerdos desde el Sur.

  2. Sencillamente genial… me ha encantado la historia de Antonio….es que aunque no lo creamos existe gente muy inocente o mejor dicho sin maldad. Enhorabuena

  3. Muy bueno, señor Frankin. La vida castigada de Antonio hace mella en el caminar de sus días 😦 Se ha perdido la sombra de lo que fue en su juventud (me invento la interpretación de la vida de este septuagenario, jeje)

    • Muchas gracias Pablo. Debería escribir un libro sobre este hombre, te juro que su vida es para contarla. Descubrirías muchas cosas….

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