La caja

– ¿Entiendes el plan?

– Lo entiendo coño, pero ¿todo esto por una maldita caja? ¿Qué cojones tiene, oro, diamantes, dinero?

– A ti el contenido de la caja te importa una mierda. Entramos ahí, la cogemos, nos vamos y hacemos la entrega, ¿entiendes? Nunca, recuérdalo, nunca preguntes sobre la mercancía. Nos va a dar mucha pasta y solo pide discreción y un trabajo limpio, así que no menciones más la maldita caja, ¿de acuerdo?

– ¿Un trabajo limpio? Si tanto valor tiene para él, habrá al menos un par de tíos ahí dentro, o quizás más. Espero que merezca la pena y que de verdad suelte un gran fajo de billetes.

– ¿Desean más café? – dijo amablemente la camarera-

– Gracias encanto. América necesita más camareras como tú. Por cierto, no entiendo la caligrafía de tu letrero ¿Cómo te llamas?

– Billie – contestó mientras sonreía –

– Bonito nombre, Billie. ¿Serías tan amable de traer un par de donuts? Y toma, creo que esto será suficiente para pagar todo, quedate el cambio.

Al terminar se levantaron y abandonaron el bar en dirección al coche. Bajo los asientos escondían sus pistolas. Las cargaron y las colocaron bajo el cinturón.

Caminaron lentamente hacía el bar de enfrente. Entraron y no había nadie, tan solo una persona sudorosa tras la barra, un poco de música country y calor, mucho calor.

El bar estaba sucio y oscuro. Unas cuantas bombillas rojas y verdes eran su único alumbrado. Los ventiladores no funcionaban, por lo cual era difícil permanecer mucho tiempo allí en una tarde de verano como aquella. Era inusual que a aquella hora de la tarde no hubiera nadie sentado en la barra con una botella de cerveza en la mano.

Ambos avanzaron hacía la barra. El camarero los miraba con cierta desconfianza, ya que la clientela que acostumbraba a recibir no solía ir trajeada, más bien con camisa a cuadros, tejanos gastados y gorra de béisbol. Esa simple apariencia mermó la tranquilidad de aquel hombre que no paraba de secarse su sudor con un pañuelo.

 

– Buenas tardes caballeros, ¿qué desean?

– Un par de cervezas por favor, hace un calor de mil demonios.

– Si, hemos llamado al técnico para que nos arregle los ventiladores, pero ya saben como funciona este maldito país, si no pegas un tiro a alguien nadie acude. Disculpen las molestias.

– Nada, no se preocupe. Nosotros en realidad veníamos buscando a alguien, quizás lo conozca, se llama Jack Edwards. Nos han comentado que frecuenta este antro.

– Siento no poder ayudarles caballeros, pero no conozco a nadie llamado así.

 De repente, uno de los hombres trajeados sacó su pistola y apuntó directamente a la cabeza del camarero.

– Déjate de gilipolleces cabrón, sabemos perfectamente que lo conoces, así que dinos donde está.

– ¡No os miento joder, os juro que no conozco a ese tal Jack Edwards!

Mientras apunta, carga la pistola, haciendo el característico sonido.

– O nos llevas hacia él o te pego un tiro aquí mismo cabrón.

– ¡Está bien, está bien! Está aquí. Tenemos una especie de trastienda que utilizamos para las timbas de poker y otros asuntos. Jack está ahí reunido.

– Bien, pues llévanos. Ve delante y como se te ocurra hacer cualquier cosa te juro que te meto una bala en la cabeza ¿De acuerdo? ¡Venga, anda!

 

Caminaron hacía el interior del bar. Entraron en el almacén, que estaba lleno de cajas de refrescos vacías, basura y una máquina de hielo. Al final, tras unas cajas de cerveza había una puerta que permanecía cerrada.

El camarero se vio en la obligación de avisar que iba a coger las llaves para poder abrirla. Lentamente las sacó de su bolsillo y torpemente abrió la puerta.

Al abrirse la puerta, de forma casi simultánea se levantaron claramente alterados cuatro personas.

– ¡Que cojones haces Larry!

Y en ese preciso momento tiraron al camarero al suelo.

– Hola chicos, somos Sam y Paul. Sabéis a que hemos venido, así que hagamos las cosas fáciles, no nos toquéis los cojones y dadnos lo que buscamos.

Los cuatro hombres presentes, que estaban dispuestos alrededor de una mesa, llevaron sus manos hacía los pantalones en busca de sus pistolas, pero mientras hacían ese movimiento Sam y Paul dispararon, liquidando a todos menos al camarero.

– Bueno Larry, ahora dinos donde se encuentra la caja.

– ¿Pe..pero que caja?

– Larry no me toques los huevos,- Sam pone el cañón de su pistola sobre la sien del camarero – dime donde está la maldita caja o no volverás a poner una cerveza en tu puta vida.

– ¡Vale, vale, de acuerdo! La caja está en una caja fuerte que tenemos tras esos barriles. La combinación es 23-82-85.

 Paul retiró los barriles y se inclinó para abrir la caja fuerte. Efectivamente la combinación facilitada por Larry era correcta.

Una vez tenía la caja que buscaban en su mano, Sam le pegó un tiro al camarero.

 

Rápidamente fueron hacía el coche, arrancaron y salieron a gran velocidad.

Sam conducía y se aflojó el nudo de la corbata, mientras Paul no paraba de mirar la caja con cierto aspecto de curiosidad.

– Bueno Paul, un gran trabajo. Ya solo nos queda entregarlo, coger la pasta y olvidarnos de todo esto.

– Si, pero antes de entregarlo podríamos mirar que contiene la caja ¿no te parece?¿Qué puede tener tanto valor como para cargarse a cinco tíos?

– Te he dicho antes que no, ¿es que no me escuchas joder? La mercancía nos la suda. Me da igual si dentro hay un millón de dólares o cupones de descuento del supermercado de mi barrio, pero no es asunto nuestro, ¿de acuerdo?

– Déjate de bobadas Sam. Voy a mirar el interior, a ver que tiene.

– ¡Te he dicho que no!….

Y justo en ese momento un coche colisionó contra ellos.

Varios minutos después, Sam recobró el conocimiento. Miró a Paul, que estaba muerto pero no veía la caja.

 

Había desaparecido.

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16 pensamientos en “La caja

  1. Muchas gracias Juan, pero siento decirte que no tiene segunda parte (o al menos esa es la intención).

    De nuevo, gracias por seguir el blog. ¡Un saludo!

  2. La curiosidad mató al gato…..
    Ya no hay profesionales del crimen como los de antes….

    Muy bueno Alan!!!! See u later

  3. Fran tioo, con cada post te superas, tal y como has ido narrando me estaba imaginándome perfectamente la situación, buenisimo, me has tenido hasta el final con la intriga preguntándome, qué tendría esa caja, de verdad tio, genial, un abrazo!

    PD: Deberías proponerte escribir un libro ya!

  4. Muchas gracias Juan, pero no creo que sea para tanto la verdad. De todas formas muchas gracias por tus ánimos 🙂

    Me alegro que te haya gustado.

    ¡Un abrazo!

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