Rumanos

– Pues nada, aquí voy al taller a llevar el coche que no sé que le pasa ahora.

¡Qué ditse cojone! Etso te lo arreglo yo en ná y menoh – dice Nicolae con su acento rumano-jerezano.

El siempre tan servicial.

Aún recuerdo el día en que lo conocí, cuando apenas sabía español. Ese hombre de 1,95 cm, rubio, salido de cualquier película en la que los americanos luchaban contra los comunistas, se dedicaba a sonreír y estrechar la mano.

De eso hace al menos 6 años. Desde entonces se ha ganado la vida honradamente. Trabaja duro en el campo, en un puesto que cualquier jerezanito de a pié rechazó y su mujer limpia casas.

Alguna que otra vez recibo una llamada suya:

Alan ¿Qué pasa? Que no tse que caraho le pasa al catcharro este. Cuando puedas vente por catsa y lo miras.

Y allí voy a mirar que le pasa en el ordenador. Y de paso aprendo nociones de rumano XP.

Cuando voy, para arreglar los problemas informáticos y para cualquier otra cosa, nunca salgo con las manos vacías. Cierto es que su familia es muy agradecida. Un día salgo con tres bolsas de naranjas, otro con dulces típicos rumanos hechos por su suegra y otro día llama a mi casa para decirme que su mujer ha cocinado unos deliciosos sarmales, un plato típico de su país que probé gracias a ellos y que hoy en día es uno de mis platos favoritos.

Nicolae vive en un piso grande, junto a su mujer, sus hijos y sus suegros. Todos ellos trabajan, bien en el campo o bien en labores domésticas.

Sus hijos están escolarizados y totalmente integrados. Tienen los mismos sueños que cualquier niño; ser futbolista y ganar mucho dinero. El dinero es para sus padres y sus abuelos, para que no tengan que trabajar más, que ya han hecho suficiente abandonando su país y lo poco que allí tenían, aprendiendo el idioma del país de acogida, trabajando de sol a sol para poder vivir mejor que en el Este de Europa.

Ahí está Nico, con las manos llenas de grasa, arreglando mi viejo coche.

– Nico, en serio, no te preocupes. Lo llevo al taller que no quiero molestarte.

¡Qué no!  Que yo tse arreglarlo. En Rumanía tenía el mismo cotche que tu y lo tenía que arreglar yo. ¿Tu te crees que tenía dinero para llevarlo a un taller? Yo cobraba una mitseria y casi no me llegaba pa’ ná.

Gracias Nico, eres un crack.

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2 pensamientos en “Rumanos

  1. Gente como el gran Nico y su familia, son un ejemplo a seguir! Grande Alan, gracias por entretenerme een esta asombrosa manana soleada y fria londinense.

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