A mi abuela

Vive en mi un recuerdo, de un patio lleno de jazmín, de blancas paredes y losas superpuestas a capricho.

Vive en mí tu recuerdo. Del aroma a café recién hecho, de una pequeña cocina, del caluroso verano sentado en los escalones de la entrada.

Te recuerdo. Tus manos y tu sonrisa. Tu lucha, tu fuerza. Todo lo que me diste y nunca te agradecí. Duele tu marcha, como cuando falta una madre, aunque lo fuiste sin darme la vida. Me diste mucho más.

Duele no darte todo lo que me diste, ni siquiera puedo llorar por ti. El dolor que sentía al verte se incrementa aún más al saber que nunca más volveré a hacerlo. Las lágrimas no consienten recorrer mis mejillas, pero me ahogan por dentro, cada vez más.

Que te vayas y sentir que te he fallado es lo que más me duele. Espero que allí donde estés puedas perdonarme.

Mientras tanto viviré con el recuerdo de la brisa en la azotea, del rumor del agua en los arriates y del reflejo del sol en tu ventana.

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