Oda al Ford Escort

El viaje ha llegado a su fin.

Han sido 19 años dedicados a la familia, aguantando todo tipo de situaciones.

Hoy me ha comunicado mi padre que su coche, nuestro coche, nos ha dejado para siempre. Nuestra tartana ha decidido que el viaje acaba en el trayecto El Puerto – Jerez, que cobra sentido dado que ha sido su trayecto por excelencia. Murió en el mismo lugar donde nació, podríamos decir.

Ese coche es una chatarra“, me decían. “Esto es carne de perro“, contestaba yo.

Nuestro coche no era un coche sin más. En él hemos vivido buenos y malos momentos. Hemos viajado por toda España e incluso parte de Europa.

Sí. Esa chatarra, como decían algunos, realizó más de 2000 kilómetros hasta Alemania y no precisamente en su juventud. Aguantó estoicamente las distintas carreteras, peajes y condiciones climatológicas que se presentaron por el camino.

Con él se van los recuerdos que albergan en su interior.

Los domingos de playa de mi infancia, mientras jugaba al veo, veo con mi hermano. Con peleas incluidas por hacer fullería. Los viajes al pueblo con mi abuelo, las cintas de Camarón de mi padre, que me dejaron claro que por mucho que yo intentara imitarlo en el coche, nunca sería cantaor flamenco. Ni ningún tipo de cantante.

Quedan también en el recuerdo los fines de semana en la sierra. Los bocadillos de chorizo en su interior, aparcado en el campo mientras la lluvia se apoderaba de Grazalema.

Chistes, canciones, juegos, riñas, risas. El brazo de mi padre fuera de la ventanilla, anticipándose al anuncio de BMW. Mi hermano y yo dormidos en la parte trasera.

Ya no nos sorprenderá con un nuevo ruido, que en los últimos años se convirtieron en una auténtica orquesta de averías debido al paso del tiempo.

Lo peor de todo es saber que la industria automovilística ya no creará a ninguno como tú, que resista tantos años sin apenas cuidados. A lo sumo 10 años si tenemos suerte. Eran otros tiempos.

Terminó pelearse con la ITV para que pasaras la revisión, los golpes, abolladuras, arañazos que te provocaban mi hermano, que quizás era menos consciente de tu fragilidad y edad.

No te podíamos pedir más. Has cumplido tu propósito con la familia. Has aguantado hasta el final, pero a todos nos llega nuestra hora.

Te recordaré siempre como mi primer coche. Con el que practicaba en una explanada el examen de conducir, el que desde pequeño pilotaba por los carriles del campo de mi tío. El coche de las tardes de lluvia con mis amigos en el interior, comiendo patatas y pipas.

Gracias por todos los recuerdos.

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2 pensamientos en “Oda al Ford Escort

  1. Te puedes creer que se me han saltado las lágrimas? Más que un coche ha sido como nuestro segundo hogar—

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