¿Qué hay de lo mío? (La presidenta, 2ª parte)

Las calles estaban solitarias y tan solo el sonido de sus espuelas mermaban el silencio.

Entró precipitadamente con su rifle en el saloon, donde todos bebían y reían. Todos se volvieron hacía la puerta y silenciaron.

– Devolvedme la asociación. Dijo mientras apuntaba hacía los presentes.

Todo el mundo estaba en silencio.

– ¡Qué me devolváis la maldita asociación!

Pero si no es tuya, gilipollas.

Acto seguido, aquel hombre alterado y que portaba su rifle disparó directamente al pecho de aquel que se atrevió a dirigirle la palabra.

Todos miraban con asombro el cadáver del joven Billy en el suelo.

De entre la masa salió el sheriff.

– Tranquilo Fat Joe, tranquilo. Dijo mientras gesticulaba con las manos.

– En la herencia dice claramente que la asociación me pertenece.

– Mira Joe, todos sentimos lo de tu hermana, pero no podemos hacer nada por ti. Suelta el rifle y hablamos. No me importa que hayas matado a Billy, era un capullo, no creo que nadie lo eche de menos.

– ¿Y que hay de lo mío?

– Haz lo que hacen todos Joe. Busca oro, comercia en Missisipi, cómprate un rancho en Texas o inventa una nuevo remedio engañabobos joder. La asociación ya pertenece a Oregón.

– ¡Y una mierda! Dijo mientras cargaba el rifle.

– No me hagas sacar el revolver. Si lo hago ya sabes que pasará. Aparecerás en el sucio suelo de este saloon con una bala entre las cejas y a nadie le importará, seguirán bebiendo hasta emborracharse mientras tu cuerpo permanece ahí tirado. La música sonará, las bailarinas seguirán bailando y el whisky seguirá corriendo por las gargantas de todos estos desgraciados. Esto es el puto Oeste. Mañana, en este mismo lugar, probablemente morirá otro hijo de puta como tú, en una partida de naipes ¿y crees que a alguien más le importará? Ni siquiera la esposa llorará la muerte del borracho de su marido.

Es tu última oportunidad Fat Joe. No voy a consentir que sigas dando por culo a mi ciudad. Dame el rifle y vete.

– ¡Devuélveme mi puta asociación! (dijo mientras apuntaba directamente al sheriff)

Se oyó un disparo en el silencio del saloon. Como predijo el sheriff, el cuerpo inerte de Fat Joe se encontraba en el suelo, con los ojos abiertos.

– Ponme un whisky Bob. Estos hijos de puta me dan sed.

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