El garaje

Aún recuerdo con nostalgia, aquellos interminables días de verano. El calor asfixiante de Jerez golpeaba sobre nuestras cabezas, aún adolescentes por aquellos tiempos.

La oferta de ocio era inexistente para seis chavales que, a sus 15 años, se refugiaban en un garaje y que jugaban a soñar.

Fueron tardes de rock.

No necesitábamos nada más para pasarlo bien. Unos refrescos, unas patatas de bolsa y rock, mucho rock en directo. Era la edad de formar una banda, de crear las primeras composiciones, de canalizar toda esa energía para después convertirla en notas.

Aún recuerdo a Juan tocando la guitarra, a Mariano orgulloso de su primera eléctrica… El recuerdo de un tiempo mejor.

Hacía calor, mucho calor en el garaje, pero no importaba. Pasábamos toda la mañana, toda la tarde e incluso cenábamos allí. ¿Qué tenía el exterior para nosotros? Absolutamente nada.

Recuerdo que durante ese verano solo existía una ruta, la de mi casa al garaje. El trayecto apenas duraba 2 minutos. El único paisaje que vi en esa época fueron los pisos de mi barrio.

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